
Nuestra Colección representa la investigación de las fuerzas que conforman y limitan la interacción de arte y sociedad. Art Públic como institución consolida su autoridad cultural a través de una reiterada reinstitución de ella misma, mediante varios procesos para abordar la producción de arte contemporáneo. Como institución, existe en la medida en que es capaz de provocar un deseo de interpretar la obra, así como las posiciones de los espectadores y el lugar de la presentación, con una visión del contexto contemporáneo de la política y las artes. La institución se encuentra en un estado de devenir a través de cada exposición, charla de artista y visita del público – los "intérpretes energéticos" del presente.
Art Públic, pues, encarna el esfuerzo de incorporar un cambio de costumbres en el análisis de aquello que representa en una comunidad. El contexto, la presencia de los artistas, los diferentes espectadores, todos nutren la obra y la exposición en cuestión con experiencias y lecturas, dónde el objetivo final no es consolidar el estatu quo, sino desafiarlo una y otra vez. Por lo tanto, la pregunta clave es: ¿como representa el significado una institución? Es decir, ¿como las diversas exposiciones de la colección que constituyen un programa, ofrecen un espacio para una respuesta que permita al público establecerse como autor dentro la historia que la institución ayuda a escribir? Una parte de la colección tiene una función de autoría, sobre todo, por su capacidad de ofrecer una situación dentro la institución que sea un locus en sí misma, un lugar perfecto por articular un programa cognitivo y crítico. Es una fuente que sostiene la actividad de la institución y permite que Art Públic desarrolle sus exposiciones temporales, por lo tanto, sería incorrecto diferenciar o separar la colección del resto de actividades de Art Públic. La autoría de la colección es, en este sentido, la narración de su crecimiento y su cambio como un ejemplo constitutivo. La otra parte, surge como una intención de hablar de la modernidad (o de su problema, o de su ausencia). Es decir, intenta comprender una cierta época, así como su alteridad: y en los dos casos, por tal de archivar y documentar todo aquello que ha tenido lugar, pero también todo el potencial que nunca se concretó. Con otras palabras, como institución, Art Públic presta mucha atención a los intentos históricos de los artistas de comenzar un diálogo con la realidad; intentos que a menudo han sido abochornados por una, u otras fuerzas sociales y políticas represivas: el regreso crónico del maccarthismo, con las diversas caras que adopta el fundamentalismo, como Sanja Iveković o Jirí Kovanda. La colección ofrece un espectro de voces y de temporalidades, un campo de fuerzas de tensiones, que – más allá del contexto local, pero tomando lo como punto de partida – promueve una conciencia unificadora que se dirige a una ciudad y a una comunidad. La Colección Biel Torrens es una rigurosa selección de obras, que muestran de qué manera una gran diversidad de trabajos pueden abordar interrogantes existentes que se plantean en el núcleo de una comunidad, de Joan Miró o Max Ernst a Guy Tillim o Ndilo Muima, pasando por Brossa, Perajaume o Zao Wou Ki.
Interrogantes, sondeados por las obras de arte, como por ejemplo: ¿Qué naturaleza debe tener la mediación necesaria por hacer posible la participación cultural? ¿Como se puede implicar puede una entidad, como por ejemplo colección de arte moderno y contemporáneo en la construcción de identidades políticas? ¿Como se puede ampliar el concepto de estética hacia el cuerpo social? Un gran número de las obras que se presentan en la colección se preocupan directamente por el concepto de colección como punto de partida, por tal de ganar una voz. Todas las obras de la exposición "hablan", pero, para hablar, deben luchar, entre ellas y con los límites disciplinarios.
Los usos y abusos (deliberados) de la modernidad son, en este sentido, centrales para las obras que podemos ver a artistas con preocupaciones que varían de los modelos extáticos de ser y de el arte como una modalidad por fusionar el placer con la comprensión, con la naturaleza transformativa y poética del objeto de arte y los mecanismos institucionales por crear memoria cultural. Otro interrogante frecuente, que se aborda a lo largo de la muestra, es cómo consigue el arte hacer un doble juego con la historia. Esto hace referencia a una contradicción muy productiva en el núcleo de la modernidad. Las obras de la colección llaman a los conceptos generales –universales, podríamos decir– de arte y política, mientras que, a la vez, atan estas dos nociones a los destinos históricos, por el marco discursivo en qué sitúan nuestra época. Con otras palabras, la política nace, no como un proyecto o una agenda específicos, sino cuando un sujeto específico es constituido: el arte acontece "un sujeto supernumerario en relación al número calculado de grupos, lugares y funciones dentro de una sociedad", tal y como lo expresa el filósofo francés Jaques Rancière. Este sujeto supernumerario es una conciencia de criticalitad que las obras construyen a través de voces, metodologías y enfoques múltiples. Una voluntad común de interpretar la cultura y no sólo "de alimentar" sus formas existentes.
Todas las obras de la exposición "hablan", pero, para hablar, deben luchar, entre ellas y con los límites disciplinarios. Los usos y abusos (deliberados) de la modernidad son, en este sentido, centrales para las obras que podemos ver a artistas con preocupaciones que varían de los modelos extáticos de ser y de el arte como una modalidad por fusionar el placer con la comprensión, con la naturaleza transformativa y poética del objeto de arte y los mecanismos institucionales por crear memoria cultural. Otro interrogante frecuente, que se aborda a lo largo de la muestra, es cómo consigue el arte hacer un doble juego con la historia.
Esto hace referencia a una contradicción muy productiva en el núcleo de la modernidad. Las obras de la colección llaman a los conceptos generales –universales, podríamos decir– de arte y política, mientras que, a la vez, atan estas dos nociones a los destinos históricos, por el marco discursivo en qué sitúan nuestra época.
Con otras palabras, la política nace, no como un proyecto o una agenda específica, sino cuando un sujeto específico es constituido: el arte acontece "un sujeto supernumerario en relación al número calculado de grupos, lugares y funciones dentro de una sociedad", tal y como lo expresa el filósofo francés Jaques Rancière. Este sujeto supernumerario es una conciencia de criticalitad que las obras construyen a través de voces, metodologías y enfoques múltiples. Una voluntad común de interpretar la cultura y no sólo "de alimentar" sus formas existentes.
Si bien las grandes regularidades y normativas de la historia del arte se han prestado a las calculaciones de la ideología dominante, también pueden prestarse a nuevos desórdenes y arbitrariedades que perturban los rigores objetivos, y todavía más en una época en qué la división dentro/fuera ha dejado de tener sentido. Las prácticas artísticas circulan en nuestra sociedad. La misma dimensión estética es la condición y el efecto de esta circulación. No hay duda, por lo tanto, que es posible crear enunciados que introduzcan líneas de fractura en los cuerpos colectivos. Tal y como nos recuerda Jacques Rancière en "La división de lo sensible", el ser humano es un animal político porque es un animal literario. "La circulación de estos enunciados determina las modificaciones de la percepción sensible del que es común, de la relación entre el espacio común de las artes y la distribución sensible de espacios y ocupaciones. Dibujan así comunidades aleatorias que contribuyen a la formación de colectivos de enunciación que vuelven a poner en cuestión la distribución de los papeles, territorios y lenguajes; en resumen, de estos sujetos políticos que vuelven a poner en entredicho la división predeterminada de la sensibilidad." La historia que nos narra la Colección es también historia, puesto que tiene capacidad por actuar como agente histórico. Existe, de este modo, un elemento compartido entre las obras que componen la colección y la colección misma, entre el hecho artístico y Art Públic, entre la narración que escribimos y nuestras acciones como agentes históricos. La política y el arte construyen "ficciones", es decir, reordenamientos materiales de signos e imágenes, de las relaciones entre ver y saber, del que se hace y del que se puede hacer. Estas "ficciones" son la manera como pensamos la realidad: reconfigurando el mapa de la sensibilidad y descubriendo nuevas relaciones entre las maneras de ser, hacer y decir. Es entonces cuando los enunciados literarios, sean históricos o artísticos, pueden llegar a tener, como también los políticos, incidencia en la realidad.Así es el criterio tal y como se abordan la ampliación y las sucesivas presentaciones de la Colección Biel Torrens, los fondos de la cual arrancan alrededor de la década de 1955 con Max Ernst y están constituidos por un numeroso conjunto de obras de artistas catalanes, españoles e internacionales. Sin ser antológica, la Colección permite trazar un recorrido por algunos de los disparos fundamentales de la creación artística en obra seriada contemporánea al mismo tiempo que quiere contribuir al ejercicio de la memoria crítica.
1.0 Art Públic
2.0 Colección
2.1 Sobre la colección
3.0 Exposiciones
4.0 Proyectos
ART PÚBLIC
COL·LECCIÓ BIEL TORRENS
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